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Raúl Alcaíno Quiroz: “la escritura literaria es la manifestación del deseo de evocar aquello que acontece en nosotros cuando leemos”

Helena Ediciones suma su tercera propuesta poética de 2021.

Raúl Alcaíno Quiroz, nació en Talca, en 1983. Es licenciado en Literatura de la Universidad de Chile, con un Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago de Chile. Discreto y ensimismado, dedicado a la docencia, pero también enfocado en la escritura, en las formas de traer a la vida las diversas historias que deambulan en su cabeza.

En 2011, participó en la VIII versión del Concurso Literario Nacional Género Cuento Premio «Stella Corvalán”, organizado por la Municipalidad de Talca, donde obtuvo el primer galardón con su cuento de ficción “Falkland”. Pero fue hasta 2018, cuando reunió éste y otros seis cuentos y publicó su primer libro de dicho género literario, denominado “Espejismos”, con Ediciones Inubicalistas.

“La huella y la cascada” es su primer libro de poesía, pero Alcaíno Quiroz no se describe como poeta, sino más bien como un “narrador”. En este caso, un narrador de la naturaleza, ya que este libro expresa su relación con ésta y cómo sumergirse en ella permite la renovación física y espiritual. Textos que permanecieron ocultos por largo tiempo de su vista hasta que vieron la oportunidad de unirse —casi predestinados— en un manuscrito que, finalmente, los liberó del olvido.

¿Cómo entender las motivaciones del autor?¿cómo reunirse con él en una propuesta poética única, puesto que —como asegura— no sabe si volverá a escribir poesía?

Para entender este regalo literario del autor, el lector/a tendrá que profundizar un poco más en las pasiones y realidades de Alcaíno Quiroz.

¿Cómo surgió tu interés por la literatura y, por ende, con el deseo de escribir?

A partir de la lectura. Creo que la escritura literaria es la manifestación del deseo de evocar aquello que acontece en nosotros cuando leemos. Primero me gustó la literatura policial, cuando tenía unos doce años, los relatos de Arthur Conan Doyle y Edgar Alan Poe. A partir de ellos llegué a otros autores. Especialmente importante fue la lectura de autores ya clásicos que escribieron en español, la narrativa hispanoamericana que surge a partir de Borges y que se extiende hasta Bolaño y Piglia. En poesía fueron determinantes las lecturas de autores simbolistas del siglo XIX y de chilenos del siglo XX. 

¿Qué lugar obtuviste con el cuento Falkland en el concurso Stella Corvalán, y cómo te sentiste por este reconocimiento?

El primer lugar. Sentí satisfacción de que el jurado reconociera un relato que no transcurre en nuestro entorno cotidiano, de hecho, está ambientado en el extranjero y en un contexto de absoluta anomalía, como es una guerra. El canon literario chileno a veces me parece demasiado localista y realista. Creo que el jurado que premió Falkland, escapó a esa tendencia.

Considerando que te has expresado en dos géneros, ¿que prefieres escribir cuento o poesía? ¿por qué?

Siempre me he sentido narrador. Poeta no me siento, a pesar de la escritura y publicación de La huella y la cascada. No sé por qué, no sabría explicarlo. Puede ser porque su publicación es el resultado no intencionado de un proceso de escritura El hecho concreto, en todo caso, es que actualmente trabajo en un nuevo libro de relatos y en una novela. No sé si volveré a escribir y a publicar poesía, pero sí puedo decir, para responder a la pregunta de forma más directa, que, aunque la experiencia es distinta a trabajar con narrativa, disfruté tanto la escritura y corrección de La huella y la cascada, como disfruté de la de Espejismos.

¿Cuántos libros tienes publicados y podrías contarnos de qué tratan?

Precisamente estos dos. Espejismos lo publiqué en 2018 y es una colección de siete relatos que tienen en común que su acción se desarrolla en contextos de guerra. Distintos conflictos que son narrados en distintos registros, en distintos lenguajes. De ellos, Falkland fue premiado por la Municipalidad de Talca (Premio Stella Corvalán) y Después de la Victoria por el Consejo del Libro (mención especial premio Roberto Bolaño).

La huella y la cascada es un poemario que sugiere una trayectoria del hablante desde una cierta inquietud existencial hacia el encuentro erótico y hacia el encuentro con la naturaleza -en específico, con la Cordillera y su entorno- como forma de renovarse y de re-crearse. Se sugiere un camino, y la impronta que este deja en el hablante corresponde a los poemas.

¿Cómo te sentiste cuando llegó esta obra a tus manos?

La satisfacción que produce cerrar un ciclo literario y existencial. Probablemente, lo segundo ya había tenido lugar hace tiempo, y lo que faltaba era lo primero: es decir que ese ciclo existencial cobrara una forma literaria definitiva. A esa satisfacción se agrega otra, que es que no pensé en publicar un libro de poesía. Y esa especie de sorpresa lo hace especial.

¿Qué es lo que necesita saber el lector sobre cómo diste vida a “La huella y la cascada” para sentir empatía con las emociones impregnadas en sus líneas?

Me gustaría contar un poco la historia de su escritura y publicación. Este no es un libro que se pensó como tal desde el principio. Después de mudarme a Talca luego de 15 años viviendo en Santiago, inicié un proceso de revisión y lectura de los cuadernos en los que escribo a mano. Tenía varios y me encontré con cuentos —algunos bastante largos— que había olvidado que había escrito, por ejemplo. También me di cuenta, en este proceso de lectura retrospectiva, de que esos poemas que eran de distintas épocas y que no me había dado el trabajo de transcribir a soporte digital, seguían una trayectoria. En otras palabras, La huella y la cascada fue un libro que encontré dentro de mis propios registros. Cuando pensé podía ser posible su futura publicación y lo concebí como una obra, inicié el proceso de transcripción y corrección que arrojó como resultado el libro.

¿Cómo te ha afectado la pandemia en tu proceso creativo?

Es difícil dar cuenta de una repercusión de la pandemia en mi trabajo. Afortunadamente, he podido continuar escribiendo. Quizá en el futuro, sea perceptible esa repercusión en lo que escriba durante este período. No lo sé. Lo que puedo contar es que no he tematizado en torno a ella, al menos. Quizá la decisión de prescindir de la pandemia como tema se deba a lo agobiante que es la situación misma como para hacerla penetrar en ese espacio de libertad que es la creación literaria. Seguramente muchos autores han seguido un camino distinto, he sabido de algunos que llevan diarios. En mi caso he establecido cierta distancia entre ambas cuestiones. 

¿Qué opinión tienes de las medidas de apoyo del gobierno frente a las dificultades que ha tenido que enfrentar las personas que trabajan en el sector cultural-artístico?

A todas luces parecen insuficientes. Por fortuna, yo no trabajo en forma remunerada para la industria cultural, percibo mis ingresos por mi trabajo como docente, como muchos escritores, por lo demás, y esa despreocupación no me ha golpeado de la forma en que lo ha hecho con los actores, por ejemplo, y, en general, con quienes pertenecen al mundo de las artes escénicas. Seguramente me quedo corto en cuanto a los trabajos que se han visto afectados en la industria cultural por la pandemia y sus restricciones. Creo que esa insuficiencia de las medidas del gobierno se enmarca, en todo caso, en una gestión deficiente en casi todas las áreas. En ese sentido, la precariedad que afecta a las y los trabajadores de la cultura, tiene la misma raíz que la que afecta a gran parte de la población del país, lamentablemente.   

¿Estás trabajando en otro manuscrito, si es así, que temas piensas abordar?

Sí, efectivamente. Trabajo en una novela y en un libro de cuentos, como señalaba antes. El foco de las historias es Chile en su pasado inmediato y en el presente. Aunque trato de aproximarme a ese tema desde nuevos lugares.

¿Podrías describir en un párrafo tu propuesta literaria y, de este modo, hacer una invitación a las y los futuros lectores?

Es difícil, pero lo intentaré. Sobre mi narrativa, creo que ella indaga en diversas problemáticas de la realidad chilena y latinoamericana y que intenta abordar dichas cuestiones desde distintos lenguajes y formas de representación. Respecto de los poemas de La huella y la cascada, son, como explicaba antes, piezas con una temática más bien existencial. En ambos casos —y lo señalo a modo de invitación a los lectores— creo que mi escritura intenta ser amena, tener ritmo e intensidad. Diría también que mi lenguaje es accesible, que mi propuesta no es hermética, aun cuando pueda exhibir un par de piezas que quizá requieran de mayor paciencia y atención que las otras. En suma, creo que ella puede ser interesante para quienes gustan de la lectura y de la experiencia de lo literario.

Por
Romy Bernal Díaz
Periodista
Helena Ediciones

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