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Clemente Riedemann: “Siento que mi deber es asumir mi rol de cronista de la experiencia humana”

Helena Ediciones invita a dialogar con el poeta Clemente Riedemann, quien presenta su libro “Una casa junto al río”, donde narra no sólo la cotidianidad de los habitantes de Chile, sino que con espíritu crítico invita a conocer la historia de Chile contada a través de la poesía.

“Llueve, llueve y yo aquí en Collico/esperando el día en que el sol venga/a mi puerta a conversar”, han cantado miles de personas sin saber que estás líneas son parte de la basta creación del poeta valdiviano Clemente Riedemann Vásquez, y que se hizo tan popular gracias a la interpretación de Schwenke y Nilo en la canción “Lluvias del Sur”.

Riedemann, nació en Valdivia el 14 de mayo de 1953, y su historia literaria comienza en 1984 con su publicación ‘Karra Maw`n’, donde señala que es “Poesía hermética para el académico / Poesía elemental para el habitante de la ruka” (p 23); luego fueron naciendo ‘Primer Arqueo’ (1989), ‘Santiago de Chile’ (1995), ‘Wekufe en NY’ (1995), ‘Gente en la carretera’ (2001), ‘Isla del Rey’ (2003), ‘Coronación de Enrique Brouwer’ (2007), ‘Riedemann Blues’ (2016), entre otras.

Asimismo, ha recibido los premios Nacional de Poesía (1971), Pablo Neruda (1990), Municipal de Santiago (2002), y Casa de Las Américas (2006), por mencionar algunos reconocimientos.

Hoy, recorre el país con el libro “Una casa junto al río” (2016) – edición de Carlos Almonte y Juan Carlos Villavicencio, de Descontexto Editores – antología poética que ha querido compartir con los amantes de la poesía y aquellos que comienzan a acariciar este estilo literario, y que gracias al emprendimiento editorial talquino Helena Ediciones podrán escucharlo en la capital maulina, este martes 18 de abril, a las 19:30 hrs, en el Centro de Extensión de la Universidad de Talca.

¿Por qué decidiste hacer la presentación de tu primera antología en Talca?

Me encuentro en una etapa de difusión de mi escritura y voy donde las puertas se abren, en esta oportunidad Helena Ediciones y el Centro de Extensión de la Universidad de Talca. Antes ya lo hice en Puerto Varas y el jueves estaré en la Biblioteca Nacional, en Santiago. Talca es un lugar relevante en la historia cultural y el presente demográfico del país y hay que estar aquí por respeto a tal condición.  Por otra parte, disfruto con recorrer el ancho y el largo de mi país, y no dejan de sorprenderme la sabiduría, el humor, el lenguaje de la gente de Chile, que son inagotables. Considerando que la gente, de cualquier parte del planeta, es la fuente de preocupación principal de cuanto escribo, la de mi país reviste en ello una prioridad. La poesía que me gusta la encuentro en el alma de las personas, independientemente de su situación en la sociedad y del lugar geográfico en que tenga el privilegio de encontrarme con ellas.

¿Cómo valoras la selección de textos de la antología “Una casa junto al río”? ¿Es representativa de tu trayectoria?
Para mí es un privilegio que editores pertenecientes a una generación más joven se preocupen de leer mi trabajo y adviertan valores en él. Me enorgullece y respeto absolutamente sus criterios, que por lo demás es un aprendizaje para mí. Sus puntos de vista son muy interesantes y me alientan a seguir escribiendo. Lo principal es que este esfuerzo editorial contribuye a difundir el conjunto de lo que he escrito entre los lectores chilenos y del extranjero. Desde ese punto de vista sólo cabe agradecer la edición que ellos han hecho posible.

Háblanos de tu propuesta poética y la importancia de valorar las culturas locales en tiempos de globalización.
Imagino que aquello que llamamos “culturas locales” no es otra cosa que la vida que llevamos adelante en términos prácticos: nuestro territorio natal y sus símbolos, la gente con la que nos relacionamos de un modo presencial, los espacios donde trabajamos o hacemos la vida doméstica, las calles, caminos y senderos por donde vamos y volvemos para realizar nuestras actividades. La cultura local es donde aprendimos a caminar, comunicarnos, estudiar y asumir los modos de interpretar las realidades. Así que incorporar tales elementos en una poética personal me parece indispensable. Por supuesto, me parece bien que otros autores o autoras prefieran la abstracción, la conceptualización, el “hablar en raro” en el formato de la expresión, pues ello contribuye a la diversidad. Por otra parte, la globalización, de diversas maneras,  es parte de la cultura local también y para ello suele emplearse el término “glocalización”. Los elementos provenientes del exterior han contribuido siempre en la construcción del imaginario de todas las personas. Ocurre que ahora y debido al progreso de los medios electrónicos, esta presencia se ha tornado frecuente en lo cotidiano y ello modifica, aunque no sustituye, nuestra manera de asumir la vida en el plano local. Cabe suponer que la invención de las pinturas rupestres, de las señales de humo, de la imprenta, de la radio y la televisión, también incidieron de modo decisivo en nuestra manera de comprender las realidades, del modo en que también  lo han hecho internet y los medios electrónicos. Las innovaciones suelen interpretarse como una amenaza para las convenciones precedentes, pero, según lo observo, lo que se produce son adaptaciones progresivas a las novedades, a veces más rápidas y a veces más lentas, pero siempre expansivas y en la línea de mejorar nuestras maneras de comprender e intervenir en las realidades.

¿Qué representan para ti los premios que has recibido durante tu trayectoria como poeta?
Fueron más gravitantes en la etapa de formación, pues incrementaron la confianza en lo que estaba tratando de hacer entonces y me impulsaron a seguir adelante. Ahora, en la madurez, los reconocimientos son agradables siempre, pero ya no inciden en mi quehacer, pues trabajo con objetivos estéticos que me reportan felicidad con su sólo intento. En Chile no existe la cultura de reconocimiento al trabajo intelectual y la tendencia es a refrendar los reconocimientos obtenidos en el exterior. Lo ocurrido con la Mistral y Bolaño es ejemplo de ello. Nuestros actuales gobiernos regionales actúan como sucursales del estado centralista y no impulsan el desarrollo del potencial cultural de la nación, que es enorme en todo el territorio.

Pensando que la poesía del sur, de la “suralidad», es un foco potente en la cultura chilena actual, ¿cómo se inicia este proceso del cuál tú eres un agente importante?
El concepto de “suralidad”  lo comprendo como un intento de focalizar la atención en el potencial cultural de las regiones y como un esfuerzo comunicacional por advertir que Chile no es un país homogéneo en tal dimensión. No es lo mismo ser chileno en el desierto nortino que en los páramos patagónicos. No es lo mismo ser habitante en el área metropolitana que en cualquiera de los centenares de pueblos que configuran la chilenidad. No es lo mismo ser mujer que ser hombre. No es lo mismo ser blanco, rubio y vivir en Vitacura, que ser mapuche moreno en Trovolhue. Las expectativas de bienestar son drásticamente diferentes y la idea que nos hacemos del país y del mundo también lo son. Pienso que a las generaciones futuras les dará vergüenza al darse cuenta de las formas de estigmatización y el desprecio por la diversidad que se advierte en nuestro país en la actualidad.

Háblanos de tu relación con Schwenke y Nilo.
Esa relación fue posible en el contexto de la respuesta de la pregunta anterior. Seguro que en el sur en el que nosotros nos formamos, hubo diversidad de información en nuestras familias y en las instituciones en las que nos educamos. Según recuerdo, hubo preocupación por instalar un espíritu crítico, la soberanía personal, pero al mismo tiempo el respeto por las opiniones divergentes y la procedencia residencial o étnica de las personas, entendiendo esto no como una amenaza sino como una riqueza para alcanzar mejores interpretaciones de la realidad. Por otra parte, se nos orientó en la comprensión y valoración de los ciclos de la naturaleza y su relación con la dinámica cultural. Pienso que el rol ejercido por la Universidad Austral en todo ello fue muy relevante, porque esa institución surgió con el propósito de servir a los intereses locales y logró educar no sólo a sus estudiantes sino a todas las comunidades circundantes. De hecho, la relación con Nelson Schwenke y Marcelo Nilo se inició y consolidó al alero de esa universidad y mucho de lo que logramos convertir en canciones se vincula con sus principios y objetivos educativos, desde su mismo lema “libertas capitur”, la libertad se conquista, y esto, en el contexto de la dictadura que nos dominaba, se convirtió en un símbolo de batalla.

Considerando el golpe de Estado y su contexto, la caída de los paradigmas y la era tecnológica que vivimos, ¿de qué forma la historia contemporánea influye o modifica tu escritura?
La tragedia del golpe de Estado del 73 hubiese dejado de ser un tema traumático si nuestras clases dirigentes hubiesen tenido la capacidad de resolver oportunamente la situación de violación de los derechos humanos. Ello no ocurrió y la deuda en justicia se echó por mucho tiempo debajo de la alfombra, en la idea en que el tiempo iba a curar las heridas y las atrocidades iban a olvidarse. Pero ni pienso que existan seres humanos capaces de aceptar la desaparición de un ser querido y seguir viviendo como si nada hubiese ocurrido. Así que miles de chilenos y chilenas asumimos la actual performance del neoliberalismo en la imagen de la torre Costanera erguida sobre un túmulo de huesos humanos y el duelo de los familiares y amigos de esas personas. Ahora bien, entendiendo que te refieres a la caída de los paradigmas religiosos e ideológicos, cabe recordar que estos procesos son propios de la historia cultural de la humanidad y que la creatividad, característica de lo humano, siempre encontró las vías para seguir adelante. No tengo dudas que la capacidad de adaptación es parte de la inteligencia de la especie y que el valor para sacrificar lo secundario en beneficio de lo principal explica nuestra sobrevivencia en el planeta. En esta perspectiva, mi manera de escribir la asumo como una crónica del tiempo que me ha tocado vivir, donde acepto que tanto la memoria como los deseos son constituyentes de mi comprensión de la contemporaneidad, pero donde el aquí y el ahora son los determinantes en la toma de decisiones.

¿Qué aporte quieres hacer a través de las letras a la sociedad actual?
Para mí lo primero es el placer de pensar y luego escribir sobre aquello que reflexiono. Algo que proporcione sentido y alegría a mi propia existencia. Luego, si escribo desde el placer y la alegría de escribir, quizás logre llegar con mi escritura al alma de la gente de mi tiempo y si no lo logro ¡qué le vamos hacer! Siento que mi deber es asumir mi rol de cronista de la experiencia humana en mi época, la mía y la de mis contemporáneos. En esta comprensión, me interesa valorar lo bueno, lo bello y lo que me parece inteligente de la historia y las aspiraciones humanas, pero teniendo muy claro que mi espacio para la acción escritural está en el presente.

¿Qué piensas cuando las personas dicen que la poesía es aburrida o que no debe incluirse en los planes de estudio escolares?
Toda persona elige cuáles discursos poner en su mente, de acuerdo con su formación. En lo personal, la educación que recibí de mis mayores y del lugar en que realicé mi aprendizaje en la vida, situaron al discurso poético como un instrumento muy poderoso en la interpretación de las realidades. Entendí que se trataba de un trabajo intelectual riguroso, crítico y a la vez inventivo, y difícil de sobrellevar en términos prácticos si no se lo considera como una misión de vida. Como ocurre en todas las demás profesiones o vocaciones humanas, aquí también hay aficionados, indolentes, frívolos, o conservadores de la tradición, del mismo modo que también hay hombres y mujeres que apuestan por la exploración de nuevos formatos expresivos o el tratamiento de temas que pueden resultar conflictivos con el poder político o la tradición literaria precedente. ¿Qué la poesía es aburrida? Por cierto que puede serlo, aunque no toda, como también puede serlo de alguna manera la economía, la arquitectura o la política, cuando se distancian de interpretar los intereses reales de la vida de las personas. Por otra parte, se entiende que un sistema político que es servil al poder financiero prefiera eliminar la filosofía y la poesía de la educación oficial, puesto que ello propicia la libertad de pensamiento y son obstáculos en sus objetivos de convertirnos en personas sumisas, en simples consumidores de servicios o artefactos no siempre necesarios.

¿En qué proyectos culturales trabajas actualmente?
Además de los proyectos editoriales personales en los que estoy trabajando, que es lo principal a estas alturas de mi vida, estoy educándome por mi cuenta en los temas de inmigración, descentralización y de género, que pienso son temas actuales que van a cambiar la cultura en el país en el futuro cercano. También sigo con atención el proceso de la relación del Estado con la sociedad mapuche, que es un laboratorio que educa en política poscolonial. Otro tema que me interesa es el modo en que el Estado está enfrentando la demanda boliviana por lograr acceso al litoral. Obviamente, en ambos temas, estoy de parte de los postergados, conforme a lo que me enseñaron mis padres y a los ideales humanistas de liberación que han orientado mi escritura desde que inicié mi camino en el barrio Collico, a orillas del río Calle Calle, en Valdivia.

Desde Puerto Varas, 12 de abril del 2017


Por
Romy Bernal Díaz
Periodista
Helena Ediciones

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